¡Qué pena! La Señora Calvo no lo entiende

¡Qué pena! La Señora Calvo no lo entiende

octubre 30, 2019 0 Por Rafael Sanmartin
  • El Estado español sería mucho más grande en extensión, cultura y riqueza, si en vez de enrocarse sobre sí mismo hubiera aceptado una constitución federal.

Y es normal. Bélgica, la zona que más tiempo soportó a las monarquías Habsburgo-Borbón de las que terminó separándose, hastiada de la torpeza de unos reyes empeñados en imponer esa política imperialista que tanto daño ha hecho a Europa y a los estados practicantes; la “Flandes del Sur” vividas las experiencias centralistas de Habburgos, Borbón y Oranges, decidió constituirse en una democracia plena, seria, con serios límites al poder real y real separación de poderes, lo cual reconoce y otorga independencia absoluta  a los Tribunales de Justicia, única forma de practicar democracia. Democracia de verdad, se entiende.

La señora Ministra, pese a todo aparente aspirante a “algo” más que ministra, en apoyo al sano derecho a ejercer el principio de Peter (¡Virgencita, siquiera como estamos!) no puede entender que un Estado democrático, nacido democrático después de sufrir los centralismos depredadores de sus vecinos y la pérdida de parte de su territorio a causa de los enfrentamientos entre los reinos de Francia y Castilla-León, y sin ser responsable de ellos, no entiende que quiera vivir en paz, con los demás y consigo mismos, desde una política plena y absolutamente imparcial y desde una legislación capaz de cumplir escrupulosamente la separación efectiva entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Por eso, porque no lo entiende, la señora ministra parece dispuesta a desplazarse al norte borgoñón con una cinta métrica. ¡Mecachis! Con lo fácil que es comprobar el perímetro total de las fronteras belgas actuales, los kilómetros cuadrados de su superficie hasta en milímetros, el número de habitantes de cada una de sus ciudades… ¿qué medidas quiere tomar la señora ministra? Hay bastante probabilidad de que Bélgica siguiera formando parte de un Estado plurinacional, federativo, de nombre España, si el resto de lo que hoy recibe ese nombre hubiera sido capaz de aceptar y adoptar una forma federativa que, contra el sentimiento reaccionario e inquisitorial, bajo ningún concepto puede suponer la “rotura” de España. Más bien todo lo contrario: la España continental sería más que la península y la fluvial mucho más que las once islas. Y eso no es lo mejor: sería un Estado moderno, industrial, culto, avanzado, porque no se hubiera enrocado sobre sí mismo como hicieron los “próceres” e intelectuales del 98 y aún siguen haciendo los conservadores en nombre de una falsa “unidad” hecha de imposición.

¿Qué medidas pretende la señora ministra tomar en Bélgica? ¡Ah, no, pardiez! Que son contra Bélgica. Pero ¡si los tercios se perdieron, siglos ha, Excelencia! Verá, veremos… ¡Podría castigar a los belgas –esos rojazos- no comprándoles acero. Ni les compramos alfombras. Ni cobalto. Ni textiles. ¡Que se chinchen!. Pero, un momentito: si sus antecesores desmantelaron la gloriosa hispánica industria ¿dónde vamos a comprarlas, si ya no hay “paños de Flandes”?. Señora, sin duda admirable es su sentido del deber, que la exime del otro sentido, el del ridículo. Será por el quevediano, (en realidad cervantino, tomado de Góngora por D. Alonso Quijano), si, eso de “ande yo caliente…” ¿Le suena? Es que, como no conoce las librerías de la Comunidad en que nació… Si acepta una sugerencia, no sería malo aprender de los países civilizados y más avanzados a respetar de forma escrupulosa la independencia judicial.