Perfiles falsos para traer la dictadura

Perfiles falsos para traer la dictadura

noviembre 4, 2019 0 Por Rafael Sanmartin
  • Muchas encuestas ni remotamente buscan ni han buscado jamás tener una idea de posibles resultados

Las encuestas cada vez plantean más dudas. A fuerza de intentarlo están consiguiendo perder toda credibilidad. Además de su inutilidad, salvo para inducir al voto, es necesario dejarnos pensar para permitirnos emitir un voto responsable. Por responsabilidad democrática, debería, dejar meditar el voto sin apologías con las que conducir al votante a su terreno que es un lodazal y sin duda en ocasiones lo consiguen, Después del bombardeo de resultados pretendidos y contradictorios entre sí, llegan los primeros de la lista (por orden alfabético), un tal Ager y un tal Aleix (que lástima de apellido desperdiciado y el coraje que da nombrarlo), quienes, con tal de enredar y llevar “el ascua a su sardina” con aires de tiburón, son capaces de gastarse una millonada similar a la de una campaña seria para lanzar el mayor número de falsedades y así enmierdar a gusto la política que ya de por sí es “caca”, según dejó sentado el abuelo. Demasiado dinero para ser asumido por una empresa privada que “casualmente” trabaja para Pablo Casado. “¡País!”, que diría el admirado Fraguas. Se pueden sufrir doce años de cárcel por poner urnas para que la gente pueda manifestar sus preferencias, se puede ser perseguido por el mismo motivo, o por contar verdades al cantar. Pero mentir, engañar, crear perfiles falsos, suplantar la personalidad de supuestos militantes de otros partidos o inventarlos, tiene premio. Se puede ilegalizar un partido por –dicen- abanderar la independencia. Y la Junta electoral, y la judicatura y “el Llarena solitario” tan felices. Y los demás “con estos pelos”.

Habíamos visto casi de todo. Casi, esto no se lo esperaban más que  quienes lo practican. Habíamos visto encuestas más equivocadas que un nudista en el Ártico, aunque a lo mejor no estaban equivocadas, pues ya es rarito contratar a quien incide en tan gran error. Ya plantean dudas las grandes diferencias entre unas encuestas y otras. Si siguen contratando a las que les auguran beneficios no será para tener idea del posible resultado, será más bien para provocarlo. Por intentarlo que no quede ¿verdad? Aunque sea inventándose gente descontenta con la labor de sus respectivos partidos que ¡oh, milagro!, sin embargo “se sienten identificados con el ultra totalitario  pre-II guerra de la barba picuda y su aprendiz, el de la barba recortadita  Si no todas, muchas encuestas ni remotamente buscan ni han buscado jamás tener una idea de posibles resultados, lo que sí intentan es inducir el voto. Conducir a los indecisos –y si es posible a alguno más- a la opción sin ideología –porque el IBEX no es una ideología- que satisface sus intereses políticos y económicos.  Y ahora esto. Unos señores se gastan millones para, desde perfiles inexistentes, falsos, hacerse pasar por militantes y simpatizantes de diversos partidos, “desilusionados” con sus políticas. Era fácil deducir que sólo podían venir de quienes “no han provocado desilusión” (anda que no, pero no salen  en el “tuite” de los liantes). Al final la evidencia ha sido definitiva. Hasta el “feizbú” dice “eso es normal”. Y “el tuite” puede bloquear cuentas por defender el derecho de la gente a reclamar autogobierno, o por protestar contra los intentos de implantar una dictadura cada vez menos encubierta. Pero “esto es normal”. (¡Faltaría más!).

Escuchar a Casado, tan parejo al señor de la barba picuda, retrotrae a los defensores de la arbitrariedad que, en 1812-13 se oponían a la supresión del tribunal del “santo oficio” inquisitorial. El mismo lenguaje inconcreto, pseudo mesiánico e integrista. La misma manipulación. El mismo fundamentalismo. Las mismas mentiras. Se ve que al menos se han leído las Actas de las Cortes de Cadiz. Algo es algo, será que la barba les acerca al rojerío; porque algo ha cambiado: la barba del rojerío por el bigote del facherío, pero no son rojos, ¡que vá!. Ni se acercan, que les pierde el “sarpullío” cuando se habla en su presencia de subir sueldo mínimo, mejorar un poco la vida de los jubilados, o cumplir el Capítulo tercero del Título III de la Constitución, pese a cuyo incumplimiento reiterado se auto denominan “constitucionalistas”. Pues a pesar de tanta indecencia, el efecto combinado de su discurso equívoco apoyado en una campaña falsaria para hacer creer que otros manifiestan su oposición a votar a los propios partidos en que militan, ha superado todos los límites del decoro, si es que alguna vez lo tuvieron esos políticos y sus consejeros. Puede que se les haya atragantado la intoxicante campaña. Confiemos. Pero el descubrimiento de la ignominia será incapaz por sí sólo de limpiar los cubos de desechos orgánicos arrojados sobre la política, siempre positivo para quienes sólo buscan desacreditar a los partidos y justificar su insana intención de acabar con todos menos el suyo. Otro recuerdo macabro que nos hace tiritar de inquietud. La trampa pre-bélica de acudir a elecciones para acabar con ellas. Demoníaco. O peor. Porque el diablo parece que no existe, más bien es el rRecuerdo fatídico de un sangriento pasado reciente. Los pre-guerras, ahí los tenemos.