Los cinco se quedaron en cuatro, para un debate a tres

Los cinco se quedaron en cuatro, para un debate a tres

abril 23, 2019 0 Por Rafael Sanmartin

Los debates pierden interés, a medida que pierden capacidad los debatientes

Usted no es mi adversario”, se excusó Casado ante Rivera. No ha descubierto nada. En caída vertical, los tres partidos de la derecha franquista sólo tienen una salida para intentar gobernar: unirse después de las elecciones. Algo que no gustará a muchos de sus votantes, porque, desde la lógica, si quisieran al “otro” partido, en vez del que han votado, lo habrían votado en lugar del elegido. Es evidente. Lo cierto es que los líderes del PP y Cs han hecho ya un bloque, para dejar claro que, voten a cualquiera de los dos, que es lo mismo. Después de este, los debates han perdido sentido en la campaña más soporífera que pueda haberse sufrido. Sin estrategias, sin programa, sin propuestas, ambos partidos y el socio que se les quedó fuera por no disponer de representación parlamentaria –pese a los intentos de la prensa reaccionaria por darle protagonismo-, reducen sus intervenciones a atacar al presidente en funciones. Y una de sus principales acusaciones, qué curiosidad, es no disponer de mayoría para gobernar. Olvidadizos que son, cuando les conviene. Porque el anterior presidente, MpuntoRajoy, también gobernó en minoría. Precisamente por eso pudo ser desalojado de La Moncloa.

El presidente del Gobierno ha ejercido de presa”, afirma cierto tabloide. Pero Sánchez aunque ha desaprovechado la debilidad intelectual de sus oponentes, ha sabido resistir. Las acusaciones del representante del PP, muy en su línea, tan duras como imprecisas: “Cuando un gobierno socialista entra por la puerta el empleo sale por la ventana”, podría encajar perfectamente en sus antecesores, Rajoy y Aznar, que nos fabricaron y nos dejaron el mayor fraude renombrado “crisis” que se recuerde, del que todavía no hemos salido. Y las frases rimbombantes, los grandes “monstruos” con que el PP cree poder amedrentar a la sociedad: “Usted pactó unos presupuestos, prácticamente, comunistas“. (por haber elevado el salario mínimo, o haber mejorado las condiciones del alquiler de viviendas). Ó “Los batasunos e independentistas están representados aquí por el señor Sánchez“. Albert Rivera “no podía” quedarse atrás y sumó
la indefinición a su “capacidad adivinatoria”: “Estamos aquí de milagro“. O la sentencia sin juicio previo: “Es una emergencia nacional mandarlo a la oposición“. Mucha fraseología dónde no hay propuestas y dónde, todo lo más, florecen su oposición a mejorar el nivel de vida de la población.

No es que el candidato del PSOE vaya a salvar al mundo. Justo es reconocerle el ser el primero de ese partido capaz de plantear tímidas mejoras a las condiciones laborales y económicas de los trabajadores. En el debate tuvo cierta habilidad para encajar y devolver golpes. Quizá le ha faltado una respuesta contundente, con datos, a los adjetivos sin razonamiento de su exaltada pero débil oposición. En este primer debate, el PP y Ciudadanos no han conseguido desacreditar al presidente Pedro Sánchez, sólo han querido competir entre ellos a ver quién es el más duro, en busca de recibir la aprobación del “ausente” al que quisieran semejarse; quizá por eso le temen.

Aislado, en una batalla incapaz de despertar entusiasmo, del “dúo” contra Pedro Sánchez, la presencia de Pablo Iglesias podría haber sido el contrapunto. Pero los pupilos de Abascal estaban demasiado enfrascados en hacer méritos a ver cual de los dos atizaba más fuerte para ganarse el título de “derechoso mayor del reino”, que ni siquiera le han permitido exponer ideas al único que llevaba algunas. Aunque también se señaló en exceso, al preguntar en varias ocasiones a Sánchez si estaría dispuesto a pactar con Ciutadans, algo que Rivera se encargó de desmentir categóricamente. Pese a todo. Algún comentarista lo ha comparado a los cascos azules de la ONU, frente a la belicosa sosería de los otros dos. Una pena de debate, una pena de pueblo. Si la calidad de los políticos sigue decayendo, habrá quien termine por pedir la vuelta de Felipe y Aznar. Aquellas peleas, aunque falsas, al menos, eran divertidas.

En su “euforia predictiva”, Rivera insistió en la traición del “indulto” a los presos políticos. Ahí Sánchez pudo responderle adecuadamente, porque “no existe el indulto preventivo”. Y todos tenemos el deber de esperar a la decisión del tribunal. En parte, sólo en parte, a la falta de argumentos, de razones de sus oponentes, Sánchez ha respondido machacando el acuerdo a tres bandas, preparado por el bloque de derecha: “Qué decepción, llamarse “liberal” y buscar un acuerdo con la ultraderecha más reaccionaria”.