El alcalde de Coripe “no entiende qué pasa”

El alcalde de Coripe “no entiende qué pasa”

abril 22, 2019 2 Por Rafael Sanmartin

“No sé por qué se preocupan de un pueblo que ni siquiera saben dónde está”

Con tan peregrina como burda excusa, el alcalde de Coripe, un pueblo de la sierra cercano a Estepa, respondía a las protestas que ha merecido su fiesta de resurrección, tanto en Cataluña como en Andalucía, aunque a las reacciones en esta última no se ha referido.

El Domingo de Resurrección, Coripe, igual que otros pueblos, a un lado y otro del Atlántico, festejan “la quemá de los juas”, en alusión clara al discípulo traidor, Judas, que vendió a Jesucristo, según los Evangelios. En Coripe, este año, el “Jua” no ha sido ningún personaje anónimo. No ha sido el Iscariote bíblico, sino un personaje real, vivo, presidente de la Generalitat de Cataluña hasta la aplicación del artículo 155 de la Constitución por el Gobierno de Rajoy, y su marcha a Bélgica, en busca de protección jurídica.

El alcalde afirma ser “el más rojo del mundo”, para contrarrestar las críticas de “fascista” que se ha ganado en alguna de las múltiples llamadas telefónicas recibidas. Que si, como dice, Coripe no era conocido, ya lo es, al menos para quienes se han preocupado por buscar el número de teléfono del Ayuntamiento. La figura de Judas , el traidor de la Biblia, se tiene por la de una persona despreciable, un traidor capaz de cualquier jugada sucia a cambio de dinero. Por muy satírica que sea la fiesta, de entrada lo cierto es que, poner el rostro de alguien al “Jua” de la Resurrección, supone aplicarle esas “virtudes”. No es, como el caso de las chirigotas, una diversión con ironía, aunque a veces la ironía pasa a convertirse en mal gusto, cuando los autores de las letras no alcanzan el nivel necesario. Este ha sido un caso similar, aumentado, porque al “Jua” se le revienta en un fusilamiento simulado, con balas facilitadas por la policía local. “El Ayuntamiento no elige al personaje” -se defiende el alcalde- pero colabora, y bien que colabora. Al ponerle un rostro, no estarían quemando a Judas Iscariote, sino a la persona cuyo imagen se usa.

Quizá en el pueblo no han caído en ese detalle, y por eso, sin aparente mala intención, lo han tomado a chanza. “Cómo es posible que nada menos que el Gobierno de la Generalitat se preocupe de lo que ocurre en un pueblo que ni conocen ni saben dónde está“, dice el alcalde. Como si saber o no saber dónde está el pueblo, pudiera eximirle o disculpar el fallo.

Si ha sido un fallo. Porque el alcalde se queja de que “incluso los han amenazado de muerte“, pero termina con un juicio que deja un poco en el aire las frases anteriores: “este señor vive en Bélgica mientras sus compañeros están en la cárcel, eso no lo haría yo nunca.” Si intentaba arreglarlo, sí que lo “arreglado”.