La Revolución de los Claveles y la “vacuna” europea

La Revolución de los Claveles y la “vacuna” europea

abril 22, 2019 1 Por Rafael Sanmartin

Mar Marín

Lisboa, 22 abr (EFE).- La Revolución de los Claveles cambió la historia de Europa. Pero no, como temía Estados Unidos, para convertir Portugal en la “vacuna” europea contra el comunismo, sino para marcar el camino a las transiciones democráticas pacíficas.

El 25 de abril de 1974, Portugal despertó de una pesadilla de 48 años, la dictadura fascista más larga de Europa, con una revolución militar incruenta. En un país pequeño, hastiado de la dictadura y embarcado en guerras coloniales que minaban a una generación, un puñado de militares progresistas creó en el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), que lideró el golpe. Encabezado por capitanes, el MFA tumbó la dictadura en una noche y sin violencia, aunque el proceso revolucionario se prolongaría hasta noviembre de 1975.

El mundo volvió sus ojos a este país periférico, empobrecido y atrasado que podía cambiar el futuro de Europa. El camino no fue fácil. A la Revolución le siguió el “verano caliente” de 1975, cuando Portugal estuvo a un paso de caer en el abismo de la guerra civil por las diferencias entre el MFA y la izquierda radical. Como ya había ocurrido durante las dos guerras mundiales, Lisboa se transformó en la capital mundial del espionaje. Nadie quiso quedarse fuera de juego.

“Todos enviaron fuerzas a Portugal”, asegura Vasco Lourenço, presidente de la Asociación 25 de abril. “La CIA se instaló con fuerza, la KGB se instaló con fuerza. Los servicios secretos, franceses, españoles, ingleses, alemanes…No fue fácil mantenernos independientes”, admite en una entrevista con Efe. Lourenço llegó incluso a plantar cara al entonces secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, al menos metafóricamente.

“Dijo que Portugal iba a ser una vacuna para Europa porque veía instalarse aquí el comunismo y lo pasaríamos tan mal que nunca más ningún país europeo tendría la veleidad de ir al comunismo”. “Y yo le dije públicamente: Si los americanos quieren hacer experimentos, que los hagan en su país. Aquí vamos a resolver nuestros problemas. Portugal no es vacuna para nadie”, explica.

“Tanto Estados Unidos como Rusia jugaban aquí a calzón quitado. Corría el dinero, tenían muchos observadores”. “Esto era un hervidero”, recuerda Inocencio Arias, entonces consejero de la embajada española en Lisboa. Europa, apunta la escritora Lidia Jorge, “tenía dos barreras dictatoriales. Las dictaduras del este y las dictaduras ibéricas”. Para Estados Unidos, era “intolerable” el avance del comunismo, “por eso la teoría de la vacuna, querían evitar el avance de la onda “vermelha” (roja), apunta la autora de “Os Memoráveis”, una de las más reconocidas novelas sobre la Revolución.

Durante año y medio, relata Jorge en una entrevista con Efe, Portugal “fue una especie de estudio de cinematográfico. Llegaron reporteros de todos lados, fue tomado por un lugar romántico, pero cada uno leía la revolución a su manera, nada estaba explicado, era la confusión completa”. En medio de esa confusión, se desataron graves tensiones y “estuvimos al borde de una guerra civil”, lamenta Lourenço. Pero se impuso la negociación entre militares.

“La experiencia de la guerra nos ayudó mucho, el hecho de ser amigos, de convivir. Nosotros éramos incapaces de dar un tiro a un amigo”, reflexiona. “Llegamos a detenernos unos a otros y después nos íbamos a visitar en prisión”. Hoy, conviven en armonía en la Asociación 25 de abril. Para articular el proceso, la socialdemocracia europea jugó un papel fundamental, en especial, Alemania, con el excanciller Willy Brant al frente. Su ayuda, facilitó la llegada al poder del líder socialista luso, Mario Soares.

“Willy Brandt fue decisivo”, admite João Soares, hijo del expresidente portugués, que en una entrevista con Efe evoca la estrecha relación del canciller alemán con su padre. “Alemania jugó fuerte en el apoyo al Partido Socialista. Nosotros (los militares) procuramos mantenernos indiferentes y nuestra gran bandera fue la democracia”, puntualiza Lourenço. Abril, opina Jorge, “cambió la historia de Europa” y modificó también la estrategia de intervención de Estados Unidos en el continente: “Volvió a EEUU más pasivo, le llevó a intervenir de otra forma, no como ocurrió en América Latina, como en Brasil o Chile”.

El hoy octogenario Otelo Saraiva de Carvalho, uno de los símbolos del 25 de abril, recuerda cómo cambió su vida de la noche a la mañana. “Recibía en mi casa a jóvenes, en su mayoría de izquierdas y revolucionarios, que venían de países de América Latina para aprender qué debían hacer ellos para tener un 25 de abril. Su impacto fue extremadamente importante”. Los vientos de abril llegaron también a una España que vivía el ocaso de otra longeva dictadura fascista comandada por Francisco Franco.

El MFA inspiró a la UMD (Unión Militar Democrática), que no logró democratizar al Ejército español pero fue un germen para la transición pacífica que se iniciaría tras la muerte del dictador, en noviembre de 1975. Jorge sostiene que la influencia del 25 de abril llega hasta las transiciones que se vivieron en el este de Europa mientras la URSS se desmoronaba. “El cambio en Portugal es el primero de muchos, sobre todo en el este europeo, que ocurren sin derramamiento de sangre. La revolución portuguesa permanece como un símbolo de los cambios”, afirma.

Casi medio siglo después, Vasco Lourenço echa la vista atrás y todavía se sorprende: “No creo en los milagros, pero el 25 de abril y todo el proceso es un conjunto de milagros”.EFE