Una semana de luz, deslucida por el agua y la campaña

Una semana de luz, deslucida por el agua y la campaña

abril 21, 2019 0 Por Rafael Sanmartin

La oportuna intervención de la Hermandad de Mena, impidió su utilización electoral

Ha habido más elementos dispuestos a deslucir esta semana única del calendario andaluz. El agua, elemento necesario pero caprichoso y muchas veces inoportuno, es al fin y al cabo, un fenómeno atmosférico y se acepta como lo que es. Las ciudades más afectadas por la meteorología han sido Huelva, Jaén y Sevilla, la última con vendaval y brutal granizada simultánea el jueves. Las hermandades más emblemáticas de Jaén, entre ellas la de “El Abuelo”, pudieron cumplir su compromiso y estuvieron en la calle con sus devotos. No así en Córdoba y Huelva, dónde el agua se presentó justo en los momentos clave y dejó en sus templos a varias hermandades, entre lágrimas de sus hermanos. Almería, receptora de lluvias fuertes, contra la escasez habitual, Cádiz y Granada, pudieron disfrutar de la casi totalidad de sus cofradías.

Menos suerte tuvieron Málaga y Sevilla, las ciudades que concentran el mayor número de hermandades de penitencia. En Málaga, la oportuna decisión de su Junta de Gobierno, impidió que el Traslado y Entronización del Cristo de la Buena Muerte fuera utilizado como un cartel electoral más, por los tres partidos ansiosos de reproducir en España la mayoría de minorías de un tripartito, del que los electores huyen temerosos, a medida que se acerca el día de la elección. El otro inconveniente, no salvado este año, han sido las vallas colocadas en la carrera oficial para impedir el paso a quienes no ocupan sillas. Una decisión del Ayuntamiento que en la ciudad ha sentado fatal. Salvo eso, casi todas las hermandades han realizado su estación de penitencia. Malagueños y visitantes han podido disfrutar de la suntuosidad de sus “tronos” y de los detalles -como ese traslado del Cristo de Mena- que le dan peculiaridad.

La Macarena acaba de pasar bajo el arco, tras salir del tempo a la 1 de la madrugada

Sevilla ha sido la ciudad más afectada por la lluvia y otros elementos exógenos. Después de cuatro días de absoluta normalidad, en que todas sus hermandades pusieron en la calle los setenta y tres “pasos” correspondientes a esos días, llegó la noticia, guardada desde la semana anterior: un supuesto yihadista, que según su padre es incapaz de cambiar la cadena de una bicicleta, estaba dispuesto a inmolarse para organizar una brutal matanza en la ciudad. La policía incautó diverso material en la casa familiar, en el barrio de “La Plata”, pero no encontró el ordenador con el que supuestamente tenía que aprender a fabricar el explosivo. Sólo cabe esperar que la investigación judicial aporte alguna luz al asunto.

No fue eso lo que apartó gente de las calles las tardes del jueves y el viernes, aunque algunos dirían que sí. Fue la lluvia, como demostró la madrugada, abarrotada, con sus seis cofradías en la calle y las otras seis del Sábado Santo y el domingo. Y ello pese al aspecto de ciudad ocupada que, en nombre de la seguridad, ofrecía la profusión de miembros de policía nacional y local y guardia civil. Una imagen poco favorable a la confianza, que sevillanos y visitantes superaron estoicamente.

No sólo las capitales han sido afectadas. Muchas otras ciudades y pueblos también han sufrido el efecto de la lluvia. Una de las más dañada, Antequera, también tuvo que suspender algunos desfiles; otras suspendieron alguno o aplazaron la salida para esperar el paso del temporal. Se salvaron lugares tan emblemáticos, dónde la Semana Santa es una fecha especial, como Carmona, Guadalcanal, Guadix, Lucena, Puente Genil, Utrera y algunas pocas más, pues la lluvia alcanzó a toda Andalucía, aunque afectó de forma irregular en distintos momentos del jueves y el viernes.

Para futuras Semanas Santas, sólo cabe esperar benevolencia por parte del clima y desaparezcan los misteriosos ataques a la sensación de seguridad que se suceden desde hace tres años. Andalucía es tierra de paz, de acogida, de tolerancia, y no merece este trato, menos aún en una de sus fiestas más representativas y universales, en que acoge a miles de visitantes deseosos de conocer nuestras costumbres y nuestra cultura.